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Tenía 20 meses, necesitaba un hígado y alguien dijo que sí

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 30 mar
  • 4 Min. de lectura

Nicolás David tiene 19 años, defiende el arco de la Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados y en septiembre viaja a un Mundial en Frankfurt, Alemania.


Esta es la historia de una decisión que lo cambió todo. Hay decisiones que se toman en los peores momentos, cuando el dolor es tan grande que pensar con claridad parece imposible. Y sin embargo, alguien las toma. Alguien dice que sí en medio del llanto, firma un papel, suelta a quien más quería y, sin saberlo, le regala la vida a un bebé que todavía no sabe caminar.


Nicolás David tenía 20 meses cuando recibió ese regalo. Hoy tiene 19 años, para penales bajo los tres palos de la Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados y en septiembre de 2026 viajará a Frankfurt, Alemania, para disputar un Mundial. No es una metáfora ni un titular exagerado. Es lo que pasa cuando una familia dice sí a la donación de órganos.


El amarillo que encendió todas las alarmas


Todo empezó con un color. A los 15 días de nacido, Nicolás comenzó a ponerse amarillo, y sus padres, Néstor y la señora Contreras, corrieron a buscar respuestas. Las primeras que encontraron no eran las correctas: que falta de sol, que lo pusieran al aire, que esperaran. Esperaron cinco días. El niño no mejoraba.


Lo que vino después fue una carrera sin pausa. Médicos, derechos de petición, puertas cerradas, batallas ganadas a pulso. Néstor Contreras no era abogado ni médico, era un padre, y eso resultó ser suficiente. Con más de 200 doctores respaldando su caso y una determinación que no conocía el cansancio, logró lo que parecía imposible: el traslado de su hijo a Medellín para iniciar el camino hacia el trasplante.


Cúcuta no tenía lo que Nicolás necesitaba. Así que madre e hijo se instalaron en la capital antioqueña, a la espera de un órgano compatible, de una llamada que podía llegar o no llegar. Llegó.


Un joven con muerte cerebral del que nunca sabrán el nombre


Cuatro meses después del traslado, una familia vivía su peor noche. Un joven había muerto, y en medio de ese dolor, tomaron la decisión más generosa que existe: donar sus órganos. Nunca se cruzarían con los Contreras. Nunca sabrían que ese hígado llegaría a tiempo, que un bebé lo recibiría, que ese bebé crecería sano, que algún día pararía penales y se subiría a un avión rumbo a Alemania. Pero lo hicieron de todas formas.


La cirugía duró diez horas. Al despertar, Nicolás tenía seis años de felicidad por delante, aunque él todavía no lo sabía.


La cicatriz que aprendió a llevar con orgullo


Crecer con una marca en el cuerpo que los demás no tienen es difícil cuando eres niño. Nicolás lo sabía. Se sentía diferente en el pecho, diferente frente al espejo, diferente cuando en la piscina alguien miraba de más.


Un día, celebrando un gol se quitó la camiseta, su padre corrió a ponérsela sin embargo, lo que le dijo a su papá lo dejó sin palabras: "Papi no me la pongas. Yo sé que soy diferente, pero todos lo somos y eso no me da pena."


No fue un discurso. Fue una frase suelta de un niño que había procesado, a su manera, algo que muchos adultos no logran entender. Desde ese momento, la cicatriz dejó de ser un problema y se convirtió en parte de su historia, en la prueba más visible de que alguien apostó por él.


El arquero que lo para todo, hasta la pelota con la boca


En la Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados, Nicolás es de los veteranos, aunque sea el más joven del grupo en edad. Mientras otros llevan apenas un año desde su trasplante, él lleva casi dos décadas jugando con el regalo que le dieron.


Y se nota. Lo da todo en la cancha, anima a sus compañeros, contagia esa energía que no tiene explicación médica pero que existe, que se ve y que se siente.


El pasado domingo, en un partido amistoso en Bogotá contra Actores FC, paró la pelota con la boca. Fue un golpe fuerte, de esos que duelen de verdad. Mostró la lesión, sonrió y siguió jugando. Porque para alguien que ya sobrevivió lo que Nicolás sobrevivió, un golpe en la boca en un partido de fútbol es apenas una anécdota.


Frankfurt, septiembre de 2026: Colombia va al Mundial


La Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados tiene una cita con algo más grande que un partido. En septiembre de este año viajará a Frankfurt, Alemania, para disputar el Mundial de Fútbol de Trasplantados, y Nicolás David estará entre los arcos.


No irá solo. Irá cargando la historia de todos los que esperan hoy en una lista, de todas las familias que en el peor momento de su vida todavía no han decidido, de todos los donantes que nunca sabrán el tamaño de lo que hicieron.


Cada atajada en Alemania será, sin que nadie lo diga en voz alta, un argumento a favor de la donación.


La conversación que puede salvar una vida


En Colombia, miles de personas esperan un trasplante. El problema no siempre es la falta de donantes sino la falta de conversación. Muchos quieren donar, pero no lo han dicho en casa, y cuando llega el momento, sus familias no saben qué decidir.

Hablarlo hoy, en la mesa, con calma, sin drama, puede ser el acto más importante que alguien haga esta semana.


La historia de Nicolás existe porque una familia habló, decidió y dijo que sí. Su vida, su arco, su viaje a Alemania, todo eso nació de esa conversación que alguien tuvo a tiempo.


Cuéntele a los suyos que quiere donar. Puede que nunca lo necesiten. Pero si lo necesitan, ya sabrán qué hacer.


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