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Luis Alberto Calderón: el hombre que volvió a vivir para dirigir sueños

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • hace 1 día
  • 5 Min. de lectura
Luis Alberto Calderón - El Profe Lucho
Luis Alberto Calderón - El Profe Lucho

Una historia donde la vida estuvo en pausa durante diez años… hasta que un “sí” lo cambió todo y convirtió la esperanza en propósito.

Mi nombre es Luis Alberto Calderón Velandia, tengo 42 años, soy bogotano, trasplantado renal y hoy director técnico de la Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados”, así comienza a contarnos su historia. No como una víctima de la enfermedad, sino como un hombre que volvió a nacer y decidió convertir esa segunda oportunidad en inspiración para otros.

La infancia que se enfrentó a la fragilidad

Cuando apenas iniciaba el bachillerato, siendo un niño, los médicos detectaron que algo no estaba bien en mis riñones. Desde ese momento mi vida cambió”.

La adolescencia que debía estar llena de recreos y sueños deportivos se transformó en hospitales, exámenes clínicos y palabras médicas difíciles de entender para un niño. El miedo llegó temprano, pero también la determinación.

Terminó el colegio. No renunció. Y abrazó el fútbol como quien se aferra a una tabla en medio del mar.

Mi familia es mi raíz… Ellos han sido mi equipo desde el primer día”.Su súper mamá como él mismo la nombra, su papá, sus hermanas, cuñados y sobrinos fueron su tribuna, su barra incondicional, su sostén en cada caída.

Decidió estudiar Cultura Física y Deporte, porque para quienes tienen su foco puesto en una meta, el no jamás los detiene, por el contrario, los impulsa . Cuando escuchó que le dijeron “profe” por primera vez, supo que su misión no era solo jugar, sino formar, orientar, liderar.


Diez años esperando un milagro


A los 23 años recibió una noticia devastadora: necesitaba diálisis. “Con el miedo más grande de mi vida dije ‘no’ y busqué alternativas”. Pero el cuerpo comenzó a cobrar peaje, llegó la emergencia renal, un mes crítico en el hospital y la hora de la verdad, la decisión inevitable.


Eligió la diálisis peritoneal: 12 horas diarias conectado a una máquina. Diez años dependiendo de un procedimiento que le permitía sobrevivir, pero no vivir plenamente. Sin embargo, jamás dejó el fútbol, “el fútbol fue mi refugio… Si era necesario, entrenaba sentado sobre un balón”.

Mientras su cuerpo se debilitaba, su espíritu se mantenía firme. Su mamá no lo soltaba. “Sus cuidados y sus masajes eran mi fuerza diaria”. Ese amor silencioso fue medicina cuando la ciencia apenas lograba sostenerlo.


Con el tiempo, el corazón también comenzó a fallar. Funcionaba al 20 %. Caminar era un reto. Subir escaleras, una hazaña. Una infección grave casi le arrebata la vida, con este cuadro fue desahuciado y lo entregaron a su familia. Para este punto la fe y las ganas empiezan a flaquear y la depresión apareció.

Un día llegué al hospital, me paré en la puerta y dije: ‘No entro más. Desisto. No aguanto más’”. pero como quien tiene un propósito en la vida los ángeles siempre llegan a sostenerlo, ese día. una enfermera lo miró con firmeza y amor. Le recordó que sabía las consecuencias, sus palabras lo convencieron y entró. La recompensa llegó al día siguiente, la vida lo llamó.



El “sí” que cambió la historia


A las 5:00 a.m. sonó el teléfono. Después de 10 años en lista de espera, había un posible donante. Al mediodía confirmaron compatibilidad. “Es un súper riñón, ojalá tus exámenes salgan bien”. le dijeron.


Entró a cirugía a las 5:00 p.m. y despertó a las 10:30 p.m. “Sin dolores. Sin picazón. Con una creatinina que en dos días se normalizó. Con un corazón que volvió a latir con fuerza”.


Pero detrás de ese procedimiento médico hubo algo más grande: una decisión profundamente humana. “Una familia dijo sí en medio del dolor. Mi donante es cadavérico y a esa decisión le debo la vida”.

La donación de órganos no es solo un acto médico; es un acto de amor que trasciende la muerte. Es permitir que la historia de alguien continúe latiendo en otro cuerpo. Es transformar el duelo en esperanza.

En Colombia y en el mundo, miles de personas esperan una llamada como la que recibió Luis Alberto, Cada donante puede salvar varias vidas, cada “sí” puede convertirse en un futuro, en una graduación, en un abrazo más, en un gol celebrado.


Volver a empezar no es volver al mismo lugar

Dos meses después del trasplante, volvió a una cancha. "cada paso se convirtió en un milagro” y es que no era solo caminar, era comprobar que el cuerpo respondía, que el corazón latía con fuerza, que el aire entraba sin dolor, que la vida no estaba terminando, estaba comenzando de nuevo.

Su familia también volvió a nacer con él. Su sobrino Gaby, su bastón en los días más oscuros, ahora lo acompaña en una etapa luminosa. El trasplante no solo le devolvió años de vida; le devolvió la posibilidad de cumplir sueños que parecían archivados.

Porque los trasplantados no son pacientes eternos: son profesionales, deportistas, artistas, padres, líderes. Son personas que, gracias a la donación, reciben una nueva oportunidad para construir, aportar y trascender.

Dirigir valientes y contarle al mundo que si se puede

El año pasado recibió otra llamada que lo estremeció, escuchar “Profe, hay un Mundial de Fútbol para Trasplantados”, una oportunidad de oro que seguramente años atrás hubiese visto como imposible.


Su corazón respondió antes que su mente: "esto es para mí". Comenzaron convocatorias, entrevistas, entrenamientos. Y es que cada historia que escuchaba era un espejo, porque cada uno de estos deportistas era la prueba viviente de que la donación no solo salva vidas, sino que devuelve proyectos, dignidad y sueños.

Escuchar cada historia era revivir la mía, verlos jugar nuevamente fue el mejor entrenamiento de mi vida”, conocer a seres increíbles que vivieron su misma historia y no se daban por vencidos, así como lo hizo él mismo le daba la oportunidad de ratificar que siempre hay que preguntarse por ¿Para qué? porque allí es donde está el asidero que jamás te deja desfallecer.


Hoy lidera a la Selección Colombia de Futbolistas Trasplantados, un grupo de hombres que no solo compiten en una cancha, sino que envían un mensaje poderoso al mundo: sí se puede volver a empezar.

Una segunda oportunidad que inspira a muchos

Hoy lidero un grupo de valientes que demuestran que sí se puede”, es maravilloso ver como le brillan sus ojos y su pecho se hincha de orgullo, Luis Alberto no solo volvió a vivir, volvió a soñar y ahora ayuda a otros a entender que la enfermedad no es el final de la historia, que deben aferrarse al impulso vital de la convicción que los sueños pueden hacerse realidad.


Hoy vivo un sueño. Hoy estoy recibiendo respuestas de la vida. Y todo comenzó con un ‘sí’”. Ese “sí” que le devolvió el pulso a su corazón, que permitió que un niño enfermo se convirtiera en entrenador., el mismo “sí” que hoy inspira a un país a hablar de donación de órganos con esperanza y conciencia.


Porque cuando una familia decide donar, no pierde: multiplica la vida. Y cuando un trasplantado vuelve a levantarse, no solo celebra su propia victoria, sino que demuestra que los sueños también pueden ser trasplantados… y florecer con más fuerza que nunca.


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