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La convivencia escolar empieza por aprender a manejar las emociones

Foto del escritor: Tatty Umaña G
Tatty Umaña G
28 sept
3 min de lectura

En el Colegio de Bachillerato Académico Rosarista en las aulas no solo se aprende matemáticas, ciencias o lenguaje, también se aprende a convivir, a manejar la frustración, respetar al otro, cumplir reglas y reconocer las propias emociones.




Ese enfoque cobra especial relevancia con las leyes 2383 de 2024 y 2503 de 2025, que ponen la educación socioemocional y emocional en el centro de la formación de niños, niñas y adolescentes en Colombia.


Formar al estudiante también significa formar al ser


La Ley 2383 de 2024 promueve de manera transversal la educación socioemocional en los niveles de preescolar, básica y media. La norma entiende esta formación como un conjunto de competencias cognitivas, sociales y emocionales que pueden desarrollarse para gestionar de manera asertiva las emociones, los pensamientos y los comportamientos, favoreciendo el cuidado propio y de los demás.


Desde esa perspectiva, hablar de convivencia escolar va más allá de establecer sanciones o recordar permanentemente las normas de un manual de convivencia. El reto está también en entregar herramientas para que los estudiantes comprendan lo que sienten, sepan expresarlo y puedan responder de manera adecuada frente a situaciones de conflicto.


“El enfoque se debe hacer desde la formación del ser, en las competencias ciudadanas, especialmente todo lo que tiene que ver con la inteligencia emocional, el manejo de emociones, el respeto hacia los valores, cumplimiento de normas y reglas”, explicó Ancizar Cuasmayán director del Colegio.

La educación emocional llega con una cátedra específica


La Ley 2503 de 2025 avanzó en este propósito al crear e implementar la Cátedra de Educación Emocional en las instituciones educativas de Colombia, en los niveles de preescolar, básica y media, articulada con el Proyecto Educativo Institucional, PEI. La norma define la educación emocional como un proceso continuo que complementa el desarrollo cognitivo y busca fortalecer las competencias emocionales y el bienestar personal y social.


La ley contempla, entre otras competencias, la conciencia y regulación emocional, la autonomía, la inteligencia interpersonal y las habilidades para la vida y el bienestar. También establece la participación de padres, madres, cuidadores y estudiantes dentro de este proceso.

Por eso, el desafío no recae únicamente sobre los profesores. La formación emocional plantea una responsabilidad compartida entre la institución educativa, las familias y los propios estudiantes



Autoestima, respeto y competencias para la vida


Uno de los objetivos señalados en este enfoque es fortalecer la autoestima a través de la educación socioemocional. Reconocer las propias emociones, identificar límites y comprender las emociones de otras personas puede convertirse en parte de las herramientas que los estudiantes necesitan para relacionarse dentro y fuera del colegio.


“Básicamente es eso, y fortalecer en sí la autoestima a través de la educación socioemocional, eso es lo que se le apunta”, señaló el entrevistado.

La Ley 2503 también plantea que la educación emocional debe contribuir a la estructuración de la identidad, el respeto por la individualidad propia y la de los demás, la construcción de relaciones empáticas, la autonomía y la toma de decisiones.


El reto es llevar la norma a la vida cotidiana


Que existan leyes que impulsen la educación socioemocional abre una discusión que va más allá del papel. El verdadero desafío está en convertir estos principios en experiencias cotidianas dentro de las instituciones educativas.


Aprender a reconocer la rabia antes de reaccionar, resolver una diferencia mediante el diálogo, respetar una opinión distinta, asumir una consecuencia o pedir ayuda cuando una situación supera las propias capacidades también son aprendizajes.


La convivencia escolar, vista desde esta perspectiva, no comienza cuando aparece el conflicto, empieza mucho antes, cuando los estudiantes reciben herramientas para conocerse, comprender a los demás y tomar decisiones responsables.


La apuesta por la educación emocional pone nuevamente sobre la mesa una pregunta esencial para el sistema educativo: ¿qué tipo de personas se están formando, además de qué conocimientos están aprendiendo? El Colegio de Bachillerato Académico Rosarista propende no solo por el cumplimiento de la normativa emitida por el ministerio de Educación nacional y las políticas de Educación locales sino que pone en primer lugar al estudiante su educación y su salud socioemocional

 
 
 

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