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Del trasplante a la cancha: la historia de Johan Molina, jugador de la Sele en el Mundial de Fútbol para Trasplantados

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 12 mar
  • 4 Min. de lectura

Una vida marcada por la fe, el deporte y una segunda oportunidad.


La historia de Johan Steven Molina Guzmán es la prueba de que la resiliencia, la ciencia y la solidaridad humana pueden cambiar el rumbo de una vida.


Hoy, después de enfrentar una enfermedad hepática desde la infancia y recibir un trasplante que le salvó la vida, este colombiano se prepara para representar al país en el Mundial de Fútbol para Trasplantados que se realizará en septiembre en Frankfurt, Alemania.


Una enfermedad que llegó en la infancia


Johan Steven Molina Guzmán nació en Bogotá el 30 de julio de 1988. Su vida cambió radicalmente cuando tenía apenas 10 años. Tras múltiples exámenes médicos, los especialistas confirmaron un diagnóstico complejo: cirrosis hepática causada por una hepatitis autoinmune.


Desde ese momento fue candidato para ingresar a la lista de espera de trasplante de hígado. Para un niño, comprender el significado de esa palabra es difícil; para una familia, el impacto es devastador.


Sin embargo, en medio de la incertidumbre apareció una esperanza médica. Un especialista logró estabilizar la enfermedad mediante tratamiento farmacológico, lo que permitió que Johan pudiera seguir creciendo, estudiando y soñando durante muchos años, aunque siempre bajo el cuidado permanente de su condición.


El fútbol: su refugio y su medicina


Durante ese proceso hubo algo que se convirtió en su motor diario: el deporte.

Desde pequeño, el fútbol dejó de ser simplemente un juego. Para Johan se transformó en disciplina, motivación, amistad y fortaleza emocional. Cada partido representaba una batalla ganada frente a la enfermedad.


El deporte también fue una herramienta fundamental para mantener su salud física y mental.


Como muchos niños colombianos, soñó con convertirse en futbolista profesional. Aunque su condición médica limitó ese camino, nunca abandonó su pasión por el balón.


Decidió entonces estudiar Educación Física, convirtiendo el deporte en su proyecto de vida. Durante su etapa universitaria fue integrante de la selección de fútbol sala de su institución y continuó jugando fútbol de manera amateur, pero con el compromiso de un profesional.


De jugador a formador


Tras graduarse, Johan encontró una nueva misión dentro del deporte: ser entrenador.


Desde esa posición comprendió que el fútbol no solo fortalece el cuerpo, sino también el carácter, los valores y los sueños de quienes lo practican. Su trabajo comenzó a centrarse en formar e inspirar a otros a través del deporte.


Pero en 2025 su historia enfrentó el momento más difícil.



Cuando la vida estuvo al límite


Ese año ingresó por urgencias a la Fundación Santa Fe de Bogotá. Después de varios días hospitalizado, su hígado falló completamente. Su condición se agravó rápidamente al desarrollar una encefalopatía hepática extrema y múltiples complicaciones en su organismo.


Fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos.


Los médicos fueron contundentes: la única opción para sobrevivir era un trasplante inmediato. Sin embargo, debido a la gravedad de su estado, las probabilidades eran mínimas. Humanamente parecía que no había salida.


El milagro de la donación


Pero el 29 de marzo ocurrió lo inesperado: apareció un donante compatible.


Un gesto solidario de una familia que, en medio del dolor, decidió donar órganos y ofrecer una oportunidad de vida a otra persona.


Ese trasplante no solo salvó la vida de Johan Molina. También le dio una segunda oportunidad para seguir soñando.


Volver a empezar… paso a paso


El proceso de recuperación no fue sencillo. Tras la cirugía hubo momentos en los que Johan pensó que nunca volvería a pisar una cancha como deportista.


Sin embargo, la misma disciplina que aprendió jugando fútbol se convirtió en su motor de recuperación.


Cada sesión de terapia era como un entrenamiento. Cada avance era celebrado como un gol silencioso. Y poco a poco, su cuerpo volvió a responder.


El regreso al fútbol… y a la vida


Hoy, meses después de ese complejo proceso físico y emocional, Johan se ha convertido en un testimonio vivo de que la donación de órganos salva vidas.


Gracias a la organización ACODET, que promueve el deporte entre personas trasplantadas, recibió una oportunidad única: representar a Colombia en el Mundial de Fútbol para Trasplantados que se disputará en septiembre en Frankfurt, Alemania.


Allí competirá junto a otros deportistas que, como él, han superado enfermedades y trasplantes para volver a la cancha.


Más que un partido


Para Johan y sus compañeros, este torneo tiene un significado mucho más profundo que una competencia deportiva.


Cada partido es un homenaje a los donantes y a sus familias.

Cada jugada es un mensaje de esperanza para quienes aún esperan un órgano.

Cada gol representa una vida que pudo continuar.


Después de un trasplante no solo se sobrevive: se vive con propósito”, afirma Johan.


Una invitación a apoyar esta causa


La participación en este campeonato internacional implica un esfuerzo económico importante. Por ello, Johan Molina y la Selección Colombia de Trasplantados buscan aliados, patrocinadores y empresas que deseen apoyar esta causa que promueve la vida, la salud y la resiliencia.


Porque detrás de cada deportista hay una historia de lucha, una familia que resistió y un donante que decidió regalar vida.


Y como dice Johan:

“Cuando alguien dona, el partido no termina… apenas vuelve a comenzar”.


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