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Del Caribe a las montañas del Tolima: el barranquillero que está escribiendo una nueva forma de contar a Colombia

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 7 mar
  • 6 Min. de lectura

En Colombia hay historias que nacen en los grandes escenarios y otras que florecen en silencio, entre caminos de vereda, conversaciones sencillas y paisajes que parecen detener el tiempo. La vida del escritor barranquillero Jesse Fonseca Camacho es, precisamente, una mezcla de ambos mundos.


Durante más de dos décadas su trabajo estuvo ligado a las cámaras, los estudios de televisión y los proyectos audiovisuales.


Hoy, su voz se abre paso entre páginas, cuentos y poemas que buscan rescatar algo que para él nunca debería perderse: las historias cotidianas de la gente común.


Ese camino lo ha llevado incluso a proponer una nueva corriente literaria que ha bautizado como Neocostumbrismo Moderno, una forma de narrar que mezcla la tradición oral, la memoria campesina y la vida contemporánea de los pueblos colombianos.


Una vida que comenzó frente a las cámaras


El primer capítulo de esta historia comenzó en Barranquilla, donde Jesse Fonseca fue descubierto por un director de televisión mientras trabajaba como modelo. Aquella oportunidad cambiaría el rumbo de su vida.


Su talento lo llevó rápidamente a involucrarse en la producción televisiva, participando en importantes proyectos dentro de Caracol Televisión. Allí hizo parte de equipos creativos de programas y producciones populares que marcaron a varias generaciones de televidentes, como Sábados Felices, Tu Voz Estéreo, Pocholo y la recordada serie El Cartel de los Sapos.


También desarrolló proyectos para Telecaribe y participó como actor en la comedia “¡Qué gente, Dios mío!”, además de desempeñarse como presentador de programas culturales y educativos como Magisterio y Salud.


En su interés por resaltar el talento joven, realizó la serie televisiva “Por los Centros Educativos”, un espacio que mostraba el potencial de estudiantes en distintas instituciones del Atlántico.



La pandemia y un nuevo comienzo


Pero la vida, como suele ocurrir con las grandes historias, tenía preparado un giro inesperado.


La pandemia golpeó con fuerza al sector educativo y muchos docentes quedaron sin ingresos. Fonseca, lejos de rendirse, decidió reinventarse.


En el centro de Bogotá, cerca de la carrera séptima con calle 22, comenzó a pintar esculturas artesanales para venderlas en la calle. Una panadería artesanal le permitió ocupar un pequeño espacio en la acera y allí, entre pinceles y yeso, empezó una etapa distinta de su vida.


Mientras daba color a las figuras y conversaba con quienes pasaban por el lugar, también seguía escribiendo. Aquellos días difíciles terminaron convirtiéndose en una de las épocas más creativas de su camino.


El Tolima que reactivó al escritor


Con el tiempo, su vida lo llevó al Tolima. Fue allí, en una zona rural al sur de Ibagué, en la vereda Los Túneles, donde encontró una nueva inspiración.


El contacto con la vida campesina, los paisajes tranquilos y las historias de la gente del campo despertaron en él la necesidad de escribir sobre ese universo cotidiano que muchas veces pasa desapercibido.


De esa experiencia nació su libro infantil “Bonita Villa es un encanto”, una obra llena de imaginación y valores que invita a los lectores —niños y adultos— a redescubrir la belleza de la vida rural y la importancia de la lectura.


Una nueva forma de contar el país


Pero la inquietud creativa de Fonseca va más allá de un solo libro.



Actualmente trabaja en nuevas obras literarias, entre ellas “Sol y Arena”, una novela ambientada en la Barranquilla de los años ochenta, y “Tayronas. Aventuras en Tierra Perdida”, una historia de aventura inspirada en territorios ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta.



Paralelamente desarrolla su propuesta del Neocostumbrismo Moderno, una corriente que busca actualizar el antiguo costumbrismo colombiano incorporando elementos de la vida actual sin perder la esencia de la tradición oral.


En su proyecto “Poemas Cortos de Jesse”, el autor retrata escenas simples pero profundamente humanas: el amanecer en los caminos de vereda, el canto de los animales, las conversaciones entre vecinos y las fiestas tradicionales que mantienen viva la identidad del campo colombiano.


Cantina "La Chispa"


Autor: 𝓙𝓮𝓼𝓼𝓮 𝓕𝓸𝓷𝓼𝓮𝓬𝓪 𝓒𝓪𝓶𝓪𝓬𝓱𝓸


Etabamos to’os los primos en la cantina; a nosotros nos dicen los Águila, tomamos cerveza los fines de semana, a los otros les dicen los Póker, y así competimos antes y después de ver partido en la cancha.


La cantina se llama “La Chispa”. Comienza uno con cerveza y termina con cualquier guarapo, pero el aguardiente es mi preferio, aunque quedará tres días de guayabo bien jodío.


El primero es Zeferino, tiene sonrisa mueca y mirada tierna; el segundo es Rosendo, no aguanta un trago, ese lo huele y se entiesa.


Después viene Epaminondas, se pone a charlar con to’as las viejas; el otro día el marido de la Orfe lo aquietó. Ese es muy bravo, por Dios. Yo no sé cómo deja que su mujé trabaje en un sitio como ese. Algunos dicen que ella lo tiene embrujao: come de su mano y la sigue a to’os la’os.


Y ahora viene Estanislao, tiene un tic nervioso, echa la cabeza hacia la derecha y pica el ojo como si te llamara pa’ la pieza. A veces se vuelve tartamudo, dice que se llama DA-DA-DA-NILO.

Casi to’os le decimos estragulao, de cariño y con pena.


Hay otro primo que se llama Sinforoso, cuida la finca de los Botero y la de los Jaramillo. Ese es muy duro, mijo, se viene los viernes a tomar con nosotros y hasta el lunes aparece lleno de mugre y con olor a goterero.


Hurbilio está muy flaco, mijo. Este es peor que el anterior: nunca tiene plata pa’ tomar, pero tiene una garganta bien fina. Se sirve el trago hasta que se riega. Eso sí, nos hace reír con sus ocurrencias: baila bambuco, baila guabina, y hasta un bolero con la china. Canta rancheras y música popular, le da a la cantada y hasta se pone a llorar.


Serbio viene desde muy lejos, camina dos horas sin tener miedo, ladera abajo, camino arriba, serpenteando hasta la turbina.


Eutiquia es mi prima bien querida, nos trae sopita a la cantina. Esa es mucho primor, sitica la niña, no toma cerveza, le gusta el guarapo y gaseosa fresca.


Y así, entre trago y trago, se nos va el día en La Chispa.

Dicen que la cuenta la paga el último que quede de pie, ¡por eso todos fingen guayabo antes de amanecé!


Historias que nacen de la vida misma


Más que nostalgia, la propuesta de Jesse Fonseca es un puente entre generaciones.


Su intención es que las nuevas voces lectoras descubran que en los pueblos, en las veredas y en la vida cotidiana existen relatos tan valiosos como cualquier gran historia de ficción.


Este barranquillero que retorna con orgullo a su Quilla del alma, continúa escribiendo con la misma convicción que lo ha acompañado durante años: que la cultura colombiana vive en la memoria de su gente y en los pequeños momentos que construyen la vida diaria, nos deja un sentido mensaje de despedida.


"Despedida:El 15 de septiembre de 2023 salí de Bogotá dejando atrás una vida entera. No sabía con certeza cuál sería el rumbo, pero partí con mis tres fieles mascotas —a quienes se les quiso hacer daño— y con una oración firme al Eterno: que colocara ángeles en el camino hasta llegar a mi destino.En estos meses encontré en Ibagué personas entrañables, corazones generosos que me abrieron sus puertas y me tendieron la mano. Decidí establecerme donde hallara estabilidad laboral y económica; esa anhelada quietud no llegó, aunque no faltó el apoyo ni la solidaridad. Toqué puertas, ofrecí mi servicio incluso en voluntariado para darme a conocer, sembré con esperanza… pero el propósito no se concretó como imaginaba.Sin embargo, la vida siempre concede otras victorias.Gané la paz de la soledad en una cabaña entre montañas. Gané amigos para toda la vida. Respiré el aire puro de la cordillera Central colombiana y me enamoré, sin reservas, de los majestuosos paisajes de los Andes americanos. Y, sobre todo, durante este tiempo recopilé, organicé y trabajé con disciplina en las obras escritas a lo largo de más de treinta años ininterrumpidos.Nada fue en vano.Gracias, Ibagué. Te llevo en el corazón. Sé que, hasta el último día, me acompañarán tus montañas y el afecto de personas maravillosas que creyeron en mí.Jesse Fonseca Camacho Escritor, docente y realizador audiovisual"

Porque, como demuestra su propia historia, a veces los sueños cambian de escenario, pero nunca dejan de escribirse.


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