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¿Qué hay detrás del ataque continuado a Unitrauma?

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 17 nov 2025
  • 10 Min. de lectura

Contattyumaña ha venido haciendo seguimiento a la Unidad de Trauma que presta sus servicios en las urgencias del Federico Lleras del Limonar, para saber que tanto hay de realidad en lo que publican otros medios.


Con unas instalaciones que parecen sacadas de una de las mejores series de emergencias del mundo, el propósito de dicho contrato de arrendamiento de la zona de urgencias del Limonar con un privado, fue garantizar la generación de recursos necesarios para el pago de salarios del personal médico, auxiliares y demás trabajadores del Hospital Federico Lleras Acosta. Contattyumaña también conoció que sin este maravilloso montaje y gran inversión, la reapertura del Federico Lleras del Limonar no hubiera sido posible, porque carecía de algo vital para su funcionamiento, la unidad de Urgencias. Por lo que decir que no contaban con pólizas y otros documentos vitales es prácticamente imposible de ser cierto, porque si ellos la certificación para que entrara en operación la sede Limonar del Federico Lleras no habría sido viable. La llegada de un operador privado que, desde marzo de 2023 y durante los siguientes 15 años, garantizaría mes a mes, a través del canon de arrendamiento, la compra de servicios y un porcentaje de los procedimientos realizados, un flujo constante de ingresos que permitirá superar el histórico problema de la falta de recursos para la nómina. Para tener en cuenta Ni el Hospital ni la Gobernación tuvieron que invertir un solo peso, la empresa privada ya ha destinó casi $8.000 millones a este proyecto, inversión que se refleja aún en cada detalle. La Unidad de Trauma del Tolima es de alto nivel: cada área fue diseñada con precisión según su función, pensando siempre en el bienestar del paciente y en las condiciones ideales para el ejercicio médico. La tecnología de punta permite realizar hasta 24 cirugías diarias, incluso de alta complejidad. Cualquier persona, sin importar su condición, estrato o EPS, que ha llegado por urgencias tras un accidente de tránsito o cualquiera que haya generado un trauma, incluso aquellos con cobertura por seguro escolar, han sido atendidos en el área de emergencias de la sede Limonar del Hospital Federico Lleras Acosta. Tras su estabilización y valoración, son remitidos al especialista que necesite. No prestan el servicio de hospitalización. ¿Quienes son los dueños de Unitrauma? En las páginas de la historia médica del centro de Colombia, pocas familias han dejado una huella tan profunda como los Serna Ramírez. Su trayectoria, que comenzó en los pasillos del Hospital San Rafael de Girardot y se extendió hasta la creación de Unitrauma en Ibagué, no es solo una historia de éxito empresarial, sino un testimonio de resistencia frente a las adversidades de un sistema de salud que castiga a quienes más lo sostienen.

Javier Alexander Serna Álvarez y su esposa Rocío Ramírez Reyes forjaron un proyecto familiar que trascendió el negocio para convertirse en una misión de vida: llevar tecnología de punta y atención humanizada a hospitales que carecían de recursos. Sin embargo, su camino estuvo marcado tanto por innovaciones que salvaron vidas como por deudas millonarias que amenazaron con hundir todo lo construido.

Cuando una injusticia se convierte en el motor del cambio

El punto de inflexión en la vida de Javier Alexander llegó de la manera más inesperada. Tras 14 años de servicio en el Hospital San Rafael de Girardot, donde contribuyó a elevar la institución de segundo a tercer nivel, un accidente le obligó a ausentarse durante 15 días por incapacidad médica. Al regresar, la nueva administración cuestionó su ausencia sin considerar su condición de salud, sancionándolo de manera que él consideró injusta.

La respuesta de Serna ante esta situación reveló su carácter: no apeló, no contestó la sanción, simplemente renunció. "Ante esta injusticia y el cariño que sentía por la institución, decidí renunciar y emprender mi propio camino en el sector salud", recordó años después. Esa decisión, que pudo haber sido el final de una carrera prometedora, se convirtió en el comienzo de una transformación que beneficiaría a miles de pacientes en todo el centro del país.

Junto a su familia, fundó Distribuidores Clínicos Hospitalarios de Colombia (DCHC), una empresa que comenzó distribuyendo insumos médicos y ortopédicos, pero que pronto ampliaría su alcance hasta convertirse en pionera en la implementación de unidades especializadas. Sin embargo, el camino no sería fácil en un sector marcado por la desconfianza y la corrupción.

Una filosofía empresarial que desafía la norma

En un país donde muchas empresas del sector salud han sido señaladas por prácticas cuestionables, los Serna Ramírez construyeron su reputación sobre un principio que suena casi ingenuo en el contexto colombiano: la transparencia absoluta. "Nosotros nunca sacamos un peso de la empresa; vivimos de un sueldo y crecimos con créditos financieros", explica Javier Alexander con una franqueza que resulta refrescante.

Esta filosofía de "libros abiertos" les permitió establecer alianzas estratégicas basadas en la confianza, algo poco común en un sector donde las relaciones suelen estar mediadas por comisiones e incentivos cuestionables. Además, la decisión de reinvertir todas las utilidades en mejorar los servicios y adquirir tecnología de punta se convirtió en su principal ventaja competitiva.

El núcleo familiar se convirtió en el motor de la empresa: Rocío Ramírez Reyes, enfermera jefe con más de 30 años de experiencia, aportó su conocimiento clínico y su sensibilidad ante las necesidades de los pacientes. Sus hijos, Luisa Fernanda y Javier Alejandro Serna Ramírez, se sumaron al proyecto familiar, siendo este último, ingeniero civil, quien diseñó y construyó las unidades médicas que hoy son referentes en la región.

Las unidades renales: un modelo que cambió el juego

La primera unidad renal implementada por DCHC en el Hospital San Rafael de Girardot marcó un antes y un después en la forma de llevar servicios especializados a hospitales con recursos limitados. El modelo era revolucionario en su simplicidad: el hospital solo debía proporcionar un espacio, mientras que DCHC asumía toda la inversión en infraestructura, equipos y personal especializado.

Este esquema resolvió un problema que aquejaba a muchos hospitales de segundo y tercer nivel: la necesidad de ofrecer servicios de diálisis sin comprometer sus ya limitados presupuestos. Además, el modelo generaba beneficios para las instituciones, que cobraban los procedimientos y recibían un porcentaje sin haber invertido un peso.

El éxito de Girardot abrió puertas en otros municipios. Carmen Patricia Henao, gerente del Hospital San Rafael de El Espinal, quien ya conocía la calidad de los insumos médicos suministrados por DCHC, acogió con entusiasmo la propuesta de implementar una unidad renal.

"Distribuidores Clínicos Hospitalarios de Colombia contaba con un modelo realmente interesante, en el que la entidad hospitalaria, ni el departamento, tenían que invertir en la implementación, equipos, ni personal", recuerda Serna.

La noticia llegó a oídos de Luis Eduardo González, gerente del Hospital Federico Lleras Acosta en Ibagué, quien invitó a Ricardo Orozco, entonces Secretario de Gobierno del Departamento. Orozco, sensibilizado con el tema renal por el padecimiento de su esposa Liliana Soler, y consciente de que el departamento carecía de una unidad renal en condiciones óptimas, dio vía libre para implementar el proyecto en la capital del Tolima.

La pandemia: cuando la innovación marca la diferencia entre la vida y la muerte

Durante la crisis sanitaria del COVID-19, la visión de los Serna Ramírez demostró su verdadero valor. DCHC llevó unidades renales a municipios como Líbano, Chaparral y Purificación, implementando terapia lenta, un tratamiento innovador para pacientes en estado crítico que marcó la diferencia entre la vida y la muerte de decenas de tolimenses.

La Unidad Renal Mario Brand se convirtió en referente nacional en terapias de depuración sanguínea, salvando pacientes en estado grave cuando otros centros no contaban con la tecnología necesaria. "Esta unidad, al igual que la del Hospital de El Espinal y la del Hospital del Líbano, operan bajo nuestro modelo por ende no le genera ningún gasto al hospital y sí ganan un porcentaje sobre cada procedimiento", explica Serna con orgullo.

El impacto fue particularmente significativo en el Hospital Alfonso Jaramillo, institución que se encontraba intervenida pero que gracias al buen servicio y el modelo de DCHC pudo continuar prestando servicios renales a su población.

Unitrauma: rescatando espacios condenados al abandono

La creación de Unitrauma representa quizás el logro más visible de la familia Serna Ramírez. El espacio asignado en el Hospital Federico Lleras Acosta estaba en ruinas y a punto de ser vendido, pero la administración departamental decidió apostar por su recuperación. La propuesta de los Serna fue audaz: alquilar el espacio, reconstruirlo completamente y dotarlo con tecnología de punta, a cambio de poder operar quirófanos de trauma.

El resultado superó todas las expectativas. Unitrauma emergió como una unidad de trauma de vanguardia que incluye quirófanos modernos equipados con la última tecnología, unidad de radiología, laboratorio y farmacia, sala de reanimación ubicada a solo un pasillo del quirófano, habitaciones de aislamiento para pacientes críticos, y zonas amplias para acompañantes con sillas reclinables y alimentación gratuita.

La ubicación estratégica, con bahía de acceso y amplio parqueadero, garantiza que las ambulancias operen con seguridad y rapidez, un detalle que en emergencias de trauma puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Además, durante su segundo aniversario, Unitrauma acogió una iniciativa de la Fundación Dibujando Alegría, facilitando sin costo sus instalaciones para realizar más de 60 cirugías de labio leporino y paladar hendido.

Esta colaboración demostró que el compromiso social de los Serna trasciende el negocio. "Para nosotros, es un honor poder contribuir a esta causa. Sabemos que estas cirugías no solo transforman sonrisas, sino que también devuelven la autoestima y la esperanza a quienes más lo necesitan", expresó Javier Alexander durante el evento.

Pioneros en tecnología pediátrica


La visión de los Serna Ramírez no se limitó al territorio nacional. Su capacidad para establecer alianzas internacionales les permitió importar tecnología de punta desde Italia y Estados Unidos, modernizando el sector salud en Colombia. Uno de sus logros más destacados fue traer al país la primera máquina de diálisis para neonatos, un avance crucial que ha salvado la vida de recién nacidos en estado crítico.

Este hito consolidó a la familia como pionera en atención pediátrica avanzada, extendiendo su impacto más allá de Tolima hacia departamentos como Cundinamarca y Cauca. Sin embargo, cada innovación requirió asumir riesgos financieros significativos, financiando inversiones con recursos propios y préstamos bancarios en un sector donde los pagos suelen demorarse años.

El lado oscuro del sistema: cuando el Estado se convierte en deudor

La historia de los Serna Ramírez no estaría completa sin mencionar el drama que viven miles de prestadores de servicios de salud en Colombia: las deudas millonarias del sistema. Adres, La Previsora, Mundial de Seguros, entre otros, le adeudan a DCHC cifras que superan los miles de millones de pesos, una situación que ha puesto en riesgo todo lo construido durante décadas.

"Ha sido muy difícil, vivo el día a día con nuestro personal, nosotros, mi familia, somos igualmente empleados de esta empresa, por lo que el incumplimiento en los pagos por parte de dichos entes nos afecta de manera directa a nosotros igual que a cada uno de nuestros colaboradores", confesó Javier Alexander con una honestidad que duele.

Durante casi dos años, la familia enfrentó una crisis que amenazó con hundir el barco. Sin embargo, en los últimos seis meses, Javier Alexander logró sentarse con representantes de las entidades deudoras, alcanzando acuerdos de pago que, con una buena ingeniería financiera, han permitido mantener a flote la operación.

La ironía es amarga: quienes han salvado miles de vidas, quienes invirtieron su patrimonio en mejorar la salud pública, deben ahora rogar por pagos que el Estado les adeuda por servicios ya prestados. Además, esta situación no es excepcional sino la norma en un sistema que premia la especulación financiera y castiga a quienes realmente prestan servicios.

Cuando la gratitud de un paciente alivia el alma

En medio de la tormenta financiera, Javier Alexander encuentra consuelo en algo que ningún balance puede reflejar: la gratitud de los pacientes. "Es tan satisfactorio cuando un paciente y su acompañante nos agradece por nuestra labor, le soy sincero, eso alivia el alma", comentó con una emoción que trasciende las palabras.

Esta afirmación revela la esencia de los Serna Ramírez: más allá de los negocios y las innovaciones tecnológicas, su verdadero motor ha sido siempre el servicio. En un sector donde muchos ven solo oportunidades de lucro, ellos han visto vidas que salvar y familias que apoyar.

La decisión de ofrecer alimentación gratuita a los acompañantes de pacientes en Unitrauma, de incluir sillas reclinables para que las familias puedan descansar, de crear espacios amplios que respeten la dignidad de quienes atraviesan momentos difíciles, son detalles que no aparecen en ningún manual de gestión hospitalaria pero que definen el verdadero impacto de su trabajo.



Abrir las puertas cuando nadie más lo hace


En medio de su segundo aniversario en Ibagué, Unitrauma demostró que su propósito va mucho más allá de ofrecer servicios de trauma de alta complejidad. La IPS abrió sus puertas para una causa profundamente humana: la realización de más de 60 cirugías gratuitas de labio leporino y paladar hendido, en alianza con la Fundación Dibujando Alegría. La Fundación contactó previamente a varias clínicas y no habían logrado conseguir quirófanos.

Durante el puente festivo, sus quirófanos, instalaciones y personal trabajaron sin descanso para devolver sonrisas y esperanza a decenas de familias tolimenses. "Estas intervenciones no solo transforman rostros, transforman vidas enteras", expresó Javier Alexander Serna, director de la institución.

La Fundación Dibujando Alegría, creada en 2014, ha llegado a zonas rurales del país para ofrecer una atención integral a niños y adultos con esta condición. No solo realizan cirugías: también acompañan procesos psicológicos, terapias del lenguaje, reconstrucciones y procedimientos dentales. Pero todo ese trabajo se potencia cuando encuentran aliados comprometidos como Unitrauma, una entidad que entiende la salud como un servicio social y no solo como un procedimiento médico.

Los dos quirófanos de la IPS, dotados con tecnología de punta, así como un equipo de especialistas en cirugía plástica, maxilofacial y otorrinolaringología, hicieron posible esta jornada. Historias como la de María, una niña de 8 años de una vereda remota del Tolima, conmovieron a todos. Su madre, con lágrimas en los ojos, agradeció que su hija pueda volver a sonreír sin complejos.


Un legado que trasciende generaciones


La historia de los Serna Ramírez es un faro de esperanza en un país donde el acceso a servicios médicos de calidad sigue siendo un desafío. Su legado no se mide solo en quirófanos construidos o equipos importados, sino en las miles de vidas que han tocado, en los profesionales que han inspirado y en el modelo que han creado para que otros lo repliquen.


Hoy, mientras continúan innovando y expandiendo su impacto en el sector salud, enfrentan el desafío más grande: sobrevivir a un sistema que parece diseñado para asfixiar a quienes más lo sostienen. La Unidad se encuentra cerrada por decisión empresarial. Sin embargo, si algo ha demostrado esta familia es que la adversidad no los detiene, sino que los impulsa a buscar nuevas soluciones.


Hace unas semanas en una oficina de Unitrauma, donde la tecnología de punta se combina con el calor humano, Javier Alexander Serna atiende a un paciente que va a agradecerle por haberlo atendido a tiempo y salvado su perna, mientras revisa los estados de cuenta que muestran millones de pesos en cuentas por cobrar. La paradoja no podría ser más cruel: quien salva vidas debe luchar por sobrevivir financieramente. Sin embargo, en sus ojos no hay resentimiento, solo la determinación de quien sabe que su misión trasciende los números. Porque al final, como él mismo dice, cuando un paciente agradece, el alma se alivia y todo cobra sentido.



Contattyumaña ha solicitado una videoentrevista exclusiva a Javier Alexander Serna, la cual ha aceptado y se realizará el jueves 20 de noviembre, dicha entrevista cuenta con un cuestionario, que ya ha sido entregado al señor Serna, contiene preguntas en las que se le cuestiona sobre datos, cifras, documentos, la relación de Ricardo Orozco con su empresa, su relación con la gerencia del Hospital Federico Lleras, los temas con la DIAN, entre otros temas y cuestionamientos que a lo largo de estos casi tres años han salido a la luz y de las cuales no ha hablado con otros medios. Síguenos en Facebook. Si quieres estar informado has parte de nuestros grupo de WhatsApp. Pauta con nosotros aquí 

 
 
 

6 comentarios


Cachitas Ospina
Cachitas Ospina
19 nov 2025

Espero esa entrevista... Usted es una gran entrevistadora

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dafer2605
18 nov 2025

Y no hablan de la gente que les trabajó y quedaron debieron sueldos, seguridad social...

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Tatty Umaña G
Tatty Umaña G
18 nov 2025
Contestando a

Entre las preguntas del cuestionario está ese tema.

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dafer2605
18 nov 2025

Y donde van a realizar la entrevista?

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dafer2605
20 nov 2025
Contestando a

Si bastantes porque fui trabajador de alla y salí afectado por la deuda que nos tienen en sueldos.

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