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Crisis en el sistema de salud: el desabastecimiento de medicamentos ya afecta a pacientes críticos en Colombia

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 25 ene
  • 3 Min. de lectura

La crisis del sistema de salud en Colombia dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad alarmante.


Mientras desde el Ministerio de Salud se insiste en reducir la problemática a un debate ideológico entre “ricos y pobres”, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) confirmó un desabastecimiento crítico y un riesgo inminente de escasez de medicamentos esenciales, muchos de ellos vitales para pacientes en estado grave.


El INVIMA confirma la gravedad del desabastecimiento


De acuerdo con información oficial del INVIMA, Colombia enfrenta una crisis que compromete tratamientos para niños, adultos mayores, pacientes crónicos, personas con enfermedades raras y pacientes hospitalizados en UCI. El desabastecimiento no solo impacta la calidad del servicio, sino que pone en riesgo directo la vida de miles de ciudadanos.


Medicamentos en riesgo de desabastecimiento


Entre los fármacos que presentan riesgo de escasez se encuentran:


  • Sales de rehidratación oral, esenciales para niños y adultos con deshidratación por diarrea o vómito.

  • Rocuronio bromuro, utilizado en cirugías, UCI e intubación.

  • Olanzapina inyectable, clave en el manejo de crisis psiquiátricas severas.

  • Givosiran sódico, para pacientes con enfermedades raras como la porfiria.

  • Alendronato, indicado en adultos mayores con osteoporosis.

  • Alopurinol, para pacientes con gota o ácido úrico elevado.

  • Atomoxetina, usada en niños, adolescentes y adultos con TDAH.

  • Candesartán con hidroclorotiazida, fundamental para el control de la hipertensión arterial.

  • Clozapina, medicamento indispensable para personas con esquizofrenia resistente.


Medicamentos ya desabastecidos


La situación es aún más crítica con los medicamentos que ya no se consiguen en el país, entre ellos:


  • Clemastina, para pacientes con alergias severas.

  • Clomipramina, usada en personas con depresión o trastorno obsesivo-compulsivo.

  • Difenhidramina inyectable, para reacciones alérgicas graves.

  • Etomidato, anestésico de uso urgente.

  • Fampridina, para personas con esclerosis múltiple.

  • Fenitoína, vital para pacientes con epilepsia o convulsiones.

  • Oversol / Iobitridol, requeridos en tomografías y estudios diagnósticos.

  • Metilergometrina, indispensable para mujeres con hemorragia posparto.

  • Nifedipino, utilizado en casos de hipertensión y parto prematuro.

  • Penicilina V, para infecciones bacterianas en niños y adultos.

  • Quetiapina, para trastornos mentales severos.

  • Quinapril, para pacientes con enfermedades cardiovasculares.

  • Somatostatina, usada en sangrados digestivos y tumores hormonales.

  • Sulpirida, para trastornos psiquiátricos.

  • Triamcinolona inyectable, indicada en enfermedades inflamatorias y autoinmunes.


Cifras que evidencian el colapso


Las consecuencias ya se reflejan en los indicadores del sistema: el número de pacientes con problemas de acceso a la salud pasó de 30.000 a 205.000 al mes. La queja es generalizada: no hay citas, no hay medicamentos y no hay respuestas oportunas por parte de las autoridades.


Discurso político vs. realidad sanitaria


Mientras el Gobierno Nacional minimiza la situación y la presenta como un debate ideológico, los hospitales y pacientes viven una emergencia real. Profesionales de la salud advierten que la falta de medicamentos compromete procedimientos quirúrgicos, tratamientos crónicos y la atención de urgencias vitales.


Negligencia que pone vidas en riesgo


La crisis del desabastecimiento no es un asunto menor ni coyuntural. La ausencia de planificación, gestión y decisiones oportunas constituye una forma de negligencia estatal, con consecuencias directas sobre el derecho fundamental a la salud y a la vida.


Un llamado urgente


No se trata de una discusión política, sino de una emergencia humanitaria silenciosa.

No hay citas. No hay medicamentos. No hay garantías.


Lo que sí hay es un sistema de salud colapsado y miles de pacientes esperando respuestas antes de que sea demasiado tarde.





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