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Armero 40 años: la historia viva de Fidel Díaz Triana y la niña que le cambió para siempre el sentido del servicio

  • Foto del escritor: Tatty Umaña G
    Tatty Umaña G
  • 16 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Hoy, hace 40 años, los ojos del mundo lloraron la partida de un ser que, sin proponérselo, le puso nombre a una tragedia: Omaira. Su rostro, su valentía y su ternura quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva.


Este 13 de noviembre, desde #contattyumaña, tuvimos la oportunidad de recorrer Armero junto a Fidel Díaz Triana, uno de los primeros socorristas que llegó al lugar aquella madrugada y quien, con honor y profundo dolor, conoció a la pequeña que se convertiría en símbolo de esperanza y desesperanza a la vez.


Fidel nos relató cómo logró llegar hasta Armero: “Yo llegué como polizón en un avión…”, recuerda con una mezcla de sonrisa y nostalgia. Había estado prestando apoyo en la Cruz Roja durante la tragedia del Palacio de Justicia y, camino a Ibagué, la noticia de Armero lo atravesó. Con su peto de la Cruz Roja, su carnet de scout, el de socorrista, y su instinto innegociable de servir, decidió que no podía quedarse al margen. Logró subir al avión apelando a su experiencia en la Armada y al conocimiento de los rangos; una pequeña maniobra digna de la audacia de un 'comando de selva', de quienes ponen la vida al servicio de otros.


Ya en el aire, se presentó ante el capitán, quien sabía que no debía transportar voluntarios. Pero Fidel llevaba consigo "vacunas vitales", parte de su estrategia, para llegar a la zona de emergencia. El piloto, consciente de que ya nada podía hacer, solo le dijo: “Siéntese y no se vaya a caer”.


Al aterrizar, él mismo ayudó a descargar alimentos y medicinas. Fue entonces cuando un helicóptero rumbo a Armero aterrizó. Recordando la importancia de las "vacunas", el piloto pidió subirlas de inmediato… y con ellas a Fidel.

Ese helicóptero sería el primero en posarse sobre la tragedia.


El primer contacto con el dolor


Desde el aire, Fidel comprendió que lo que había pasado era indescriptible. Ayudó a identificar el sitio más seguro para improvisar un helipuerto y, una vez en tierra, comenzó a caminar entre el fango, los gritos, los escombros y la incertidumbre.


Se encontró con un hombre herido que lloraba por su esposa y su hija, arrebatadas por la avalancha. Y unos metros más adelante, con una multitud… y con Omaira.


Para entonces ya habían llegado otros socorristas, provenientes de municipios cercanos. Pero el caos era absoluto. Fidel no se permitió flaquear. Su instinto lo llevó a organizar, ayudar, clasificar alimentos y mantas, y acompañar cada vida que aún resistía.


El encuentro con Omaira


Desde el primer momento, se turnaron los socorristas y los médicos para que la niña nunca estuviera sola. Omaira, pese al dolor, era amable, alegre, simpática, con sueños intactos incluso en medio de la destrucción.


“Recuerden ese palo donde ella se sostenía”, relató Fidel junto a la gran roca que hoy reposa en el mismo lugar donde todo ocurrió. “Yo me sentaba ahí para que ella descansara sus bracitos en mis piernas… hablábamos, yo le decía cosas para hacerla reír”.


La noche previa a su muerte, Fidel le hizo una entrevista imaginaria:

—Señorita, su nombre por favor.

—Sandra Borda Caldas —respondió radiante, como si aquella ficción la salvara por un instante.


Inventaron una novela juntos.

Hablaron de helados, de paseos, de una salida que jamás llegaría, del amor de la vida. “Ella me dejó tantas enseñanzas —confiesa— que honrar su memoria es más que contar que estuve ahí”.


Mientras él hablaba con la niña, un policía que lo acompañaba hundía con dolor los cuerpos que emergían alrededor para evitar que Omaira los viera. Ese hombre, roto en silencio, dejó grabada en Fidel una de las imágenes más difíciles de sobrellevar.


Momentos que aún duelen


Han pasado 40 años, pero Fidel aún se quiebra al recordar:

  • A la mujer que no pudo alcanzar porque, de intentarlo, él también habría quedado atrapado.

  • La motobomba que no funcionó, la misma en la que habían depositado la esperanza de salvar a Omaira.

  • La segunda motobomba, que arrancó justo en el instante en que la niña expiró.


Cuenta también lo que otros le han recordado: su furia contra el fotógrafo que quiso levantar la sábana para tomar fotos del cuerpo ya sin vida. Él y el policía rodearon a la niña con bultos de café y una teja de zinc, protegiendo su dignidad y su descanso final.


El eco familiar del servicio


Mientras Fidel vivía el horror en Armero, su madre, Teresita de Jesús Triana de Díaz —una de las fundadoras de la Fundación San Ezequiel y voluntaria incansable— recibía al primer bebé huérfano llegado en helicóptero.


“Mi mamá sabía que yo iba a terminar allá”, cuenta con orgullo. “Ella también fue llamada a servir. Esa vocación la heredé de ella y de mi papá, un hombre generoso y de paz”.



Un año después, la verdad del lugar


Con tanta desinformación, la familia de Omaira no sabía exactamente dónde había quedado su cuerpo. Por eso, el 13 de noviembre de 1986, Fidel regresó con el padre Javier Arango y con doña María Aleida.


Ese día, frente a las ruinas de lo que fue su casa, la madre de Omaira reconoció el lugar.

“Ella no fue mutilada, no fue sacada de allí”, aclara Fidel. “Ella se hundió ahí, atrapada entre las paredes de su cocina”.


Dejó una pañoleta de scout sobre la cruz. Doña María Aleida dejos unas flores. El padre Javier Arango elevó oraciones. Y allí empezó la misión que Fidel mantiene viva 40 años después.


El legado de la Triada


De esta experiencia nació La Triada, su Código de Supervivencia, que hoy enseña a miles de personas.


Está en proceso de patentar la cama búnker, habla de cómo los baños pueden salvar vidas en emergencias y continúa formando comunidades desde CampoAventura, su escuela de supervivencia, y el maletín de las 72 horas, del que ya hemos hablado en contattyumaña.



Recordar para no repetir


Armero no es solo un recuerdo. Es una herida abierta, un aprendizaje doloroso y un llamado urgente a la prevención.


Fidel, con su historia, no solo honra a Omaira:

  • Honra a cada vida perdida.

  • Honra a quienes sirvieron sin descanso.

  • Honra a quienes, aún hoy, siguen enseñando que prepararse puede ser la diferencia entre vivir y morir.


Fidel Díaz Triana


Exinfante de marina comando de selva

Exmiembro del grupo de búsqueda y rescate cruz roja Ibagué

Vicepresidente de la asociación tolimense de montañistas y escaladores A.T.M.E

Fundador de la unidad de emergencia scout

Subjefe regional scout del Tolima

Jefe grupo scout N° 10 del Tolima


Reconocimientos

Revista UNDRO de las Naciones Unidas Cruz del Merito Nacional por haber su servicio en la tragedia de Armero y el acompañamiento a la niña Omaira Sánchez.


Actualidad

  • Director del Centro de Entrenamiento Campoaventura (Campo escuela de supervivencia).

  • Miembro honorario y voluntario del E.S.E. (Equipo scout de emergencia).

  • Gerente de ventas de la compañía Rena Ware.

  • Creador y diagramador del Código de Búsqueda y Supervivencia Triada.

  • Diseñador de cama y baño bunker.


Capacitación

Socialización de la Triada a través de Exhibición de equipo de montaña y supervivencia, experiencias y testimonios, simulacros, talleres de capacitación en primeros auxilios y supervivencia urbana para grupos mínimo de tres personas, familiares y/o empresariales, conjuntos residenciales, colegios y realización de campamentos en fincas u otros escenarios


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